Hay momentos en la vida en los que sentimos que todas las puertas se cierran. Proyectos que no avanzan, oportunidades que desaparecen, relaciones que terminan y sueños que parecen quedar en el pasado.
Es fácil desanimarse cuando las cosas no suceden como esperamos.
Muchas veces nos preguntamos si Dios se ha olvidado de nosotros o si nuestras oraciones han quedado sin respuesta.
Pero la Biblia nos recuerda que Dios sigue teniendo el control de cada detalle de nuestra vida.
Lo que hoy parece una puerta cerrada puede ser la protección de Dios para evitar un camino que no era el mejor para nosotros.
Y aquello que Él tiene preparado llegará en el momento perfecto.
Con frecuencia queremos abrir puertas por nuestra propia fuerza. Insistimos en situaciones que no prosperan, luchamos contra circunstancias que parecen resistirse y nos frustramos cuando las cosas no salen según nuestros planes.
Sin embargo, Dios conoce lo que nosotros no podemos ver.
Él sabe qué personas llegarán a nuestra vida para bendecirnos.
Sabe qué oportunidades realmente nos ayudarán a crecer.
Y también sabe cuáles podrían alejarnos del propósito que tiene para nosotros.
Por eso, cuando una puerta se cierra, no siempre significa una derrota.
A veces es una muestra del cuidado de Dios.
Él puede estar preparándote para algo mucho mejor.
Mientras tú ves un final, Dios está escribiendo un nuevo comienzo.
Mientras tú ves un obstáculo, Él está construyendo un camino.
Mientras tú esperas una respuesta, Él ya está preparando la oportunidad correcta.
Confiar en Dios también significa aceptar que Sus tiempos son perfectos.
No siempre entenderemos por qué debemos esperar.
No siempre comprenderemos por qué algunas cosas no sucedieron como queríamos.
Pero con el paso del tiempo descubrimos que la voluntad de Dios siempre fue mejor que nuestros propios planes.
Quizás hoy estés esperando un nuevo trabajo.
Tal vez estés orando por la restauración de tu familia.
O quizás esperas una respuesta relacionada con tu salud, tus estudios o tu futuro.
No pierdas la esperanza.
Sigue orando.
Sigue creyendo.
Sigue caminando con fe.
Porque Dios nunca deja de obrar a favor de quienes confían en Él.
Cuando llegue el momento correcto, Él abrirá la puerta indicada.
Y cuando Dios abre una puerta, ninguna persona, ninguna circunstancia y ningún obstáculo podrá impedir aquello que Él ha decidido hacer.
No vivas mirando las puertas que se cerraron.
Levanta la mirada.
Dios todavía tiene muchas puertas por abrir delante de ti.
Confía en Su amor.
Descansa en Sus promesas.
Y recuerda que Su voluntad siempre será perfecta.
“He puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar.” — Apocalipsis 3:8

